Nuestra Historia

Resilientes es un programa sin fines de lucro nacida de una profunda experiencia de transformación espiritual y humana. Está conformada por personas que, habiendo atravesado procesos de dolor, quebranto y restauración, decidieron convertir su historia en un instrumento de esperanza para otros. Personas sencillas, restauradas por la gracia de Dios, comprometidas con compartir libremente aquello que recibieron sin merecer: una nueva oportunidad de vida, sanidad interior y un propósito eterno.

Este programa reconoce a cada ser humano como creación valiosa, llamado a florecer aun después de haber tocado fondo. Sus miembros se definen como hijas e hijos, hermanas y hermanos, amigos y amigas, instrumentos al servicio del Creador, unidos por la convicción de que, frente a la opción de rendirse o renacer, es posible elegir la vida. Inspirados en la figura de Cristo como luz desde el principio, abrazan el proceso de sanidad espiritual, emocional y comunitaria, entendiendo que la restauración es integral.

Resilientes surge a partir del proceso personal vivido por su fundadora y directora ejecutiva, Ivelisse Vázquez Figueroa, quien atravesó una experiencia de violencia doméstica que marcó un punto culminante dentro de una historia de múltiples cargas emocionales desde su niñez. Lejos de aceptar que su sufrimiento fuera únicamente consecuencia de decisiones pasadas, ella comprendió que de cada lágrima derramada debía nacer algo nuevo; que los fragmentos rotos podían convertirse en fundamento para la edificación de otros.

En el año 2024 se formaliza lo que conocemos como Resilientes, con una visión clara de no limitarse al acompañamiento espiritual, sino extender su labor al bienestar social y comunitario. Resilientes asume un compromiso activo, rechazando la indiferencia ante el dolor ajeno y reconociendo que la restauración no puede realizarse de manera aislada. Por ello, la fundación trabaja en colaboración con profesionales del comportamiento humano, terapeutas y líderes espirituales, entendiendo que Dios capacita a personas idóneas para acompañar integralmente los procesos de sanidad.